sábado, 10 de febrero de 2018

Retrato de tormenta


Una mesa solitaria, algunos platos por aquí y algunos cubiertos desperdigados por allá, dos personas con ganas de hablar y otra que se muere por escuchar.

Sus ojos van acordes con sus labios, los cuales dibujan una gran sonrisa a pesar de que su corazón esté sintiendo el dolor, la tristeza, la soledad sentida en el pasado. Sus manos no paran quietas, como nunca lo hicieron sesenta años atrás. Recuerdos del pasado que tanto han cambiado a los recuerdos del ayer. Ojos brillantes porque sabe que a pesar de todo lo malo, siempre hay una parte buena al final.

Sonrisas, que seguro que fueron muchas lágrimas. Recuerdos, que seguro que fueron pesadillas. Luz, que seguro que fue tormenta.

sábado, 3 de febrero de 2018

Llevo unos días

Llevo unos días siendo demasiado feliz
como para que esta felicidad
no sea efímera.

Llevo unos días esperando
a que el sueño se acabe,
a que yo despierte
y todo vuelva a ser igual
a cómo eran las cosas
en enero de hace dos años.

Llevo unos días recordando
y, por fin, ya no soñando.
Recordando los momentos vividos juntos
y dejando de soñar con los momentos
que quería vivir junto a ti.

Llevo unos días haciendo limpieza,
cambiando las canciones tristes
por canciones preciosas,
por canciones que son tú y yo.

Llevo unos días que creo estar en una nube
pero la realidad es que estoy aquí,
con los pies en la tierra,
con mis ojos en los tuyos,
con mis labios en los tuyos,
y con toda mi ilusión y mi amor, en ti.

sábado, 27 de enero de 2018

Espectadora de mi propia película

He venido al cine y la sala está vacía.
Espero a que empiece la película, las luces se apagan y sigo sola en la sala del cine.
Miro a ambos lados y no veo nada, solamente me acompaña la oscuridad, pero por primera vez en mucho tiempo no tengo miedo.
La película empieza y los nervios empiezan a crecer en mi interior, apoderándose de todo mi cuerpo como si de una bola de fuego se tratase. ¿Qué me está pasando? Es una simple película.
Respiro hondo, 3… 2… 1…, empieza.

Aparece en la pantalla una chica con el pelo corto y con flequillo. También lleva gafas y todo en conjunto la hace única. Después aparece un chico mucho más alto que ella, con barba y el pelo un poco largo. Es guapo. Ambos me recuerdan a alguien. Entonces sonríen y suena una canción que yo ya he escuchado antes.
Sé lo que está sintiendo ella, pero no lo que está sintiendo él.
Frunzo el ceño.
¿Qué está pasando?

La chica sonríe y puedo notar sus nervios.
La chica siente perderse en los ojos del chico, lo mira como si la solución a su pregunta se encontrase en su mirada.
La chica crea constelaciones nunca vistas en el cuello del chico, queriendo unir cada uno de los lunares de verdad, pero con besos.
La chica sonríe al imaginarse con él haciendo todas esas cosas que siempre había imaginado.
Y me encuentro sonriendo yo.
El chico sonríe, pero no noto sus nervios.
Al chico le brillan los ojos como si de ellos dependiese la luz del mismísimo sol.
Al chico se le crea una sonrisa que le hace más increíble, aún
[o eso es lo que piensa la chica de la película].

La película sigue transcurriendo y yo empiezo a sentir las emociones mucho más intensas. Más reales.
Y entonces es cuando me doy cuenta. Esa chica con el pelo corto, flequillo y gafas no es una chica cualquiera. Y ese chico alto, con lunares por el cuello y con unos ojos que quitan el hipo, tampoco.
Y me doy cuenta.
Estoy siendo la espectadora de mi propia película.

jueves, 4 de enero de 2018

Su tema

Unos dedos deslizándose sobre las teclas con suavidad, como si se fueran a romper si ejerces un poco más de presión sobre ellas. Notas de música flotando por el aire, una pieza de Jazz, el sonido de las trompetas llenando el bar. Emociones llenándote el pecho, sentimientos convertidos en música. Los sentimientos que un día sentiste por alguien que ya no está, pero que sigue estando.

Y con esa música lo recuerdas todo, la primera vez que la viste, la primera vez que esa misma melodía la hizo tropezarse contigo, la primera salida juntos, la vez que más tiempo separados estuvisteis, absolutamente todo.

Y ahí está, con los dedos sobre las teclas, con un mechón de pelo cayendo por su frente, con los recuerdos en su mente, y con ella de pie, mirando como toca el que solía ser su tema.


domingo, 10 de diciembre de 2017

El nuevo Santa

La niña que odiaba el pelo corto pero que ahora lo ama. La niña que solía colocar en hilera a todas sus muñecas para jugar a ser la profesora de todas ellas y que ahora está en el camino de serlo. Esa niña que le entregaba una carta a Santa, ilusionada, esperanzada, con todos los regalos que quería y que ahora se despierta y, medio dormida, va directa al salón y se encuentra con un árbol lleno de regalos para ella.

Santa, como cada 25 de diciembre ha llegado a la ciudad y ha entrado en su casa para dejarle esa cantidad enorme de regalos; los que más ilusión le hacía, los que con más ganas esperaba. La niña corre, rompe el papel que los envuelve y salta de alegría, como cada mañana de cada 25 de diciembre, día en el que sus ojos brillan tanto que las luces del árbol de navidad son insignificantes ante los ojos de todo el mundo.

Santa era quien le trajo esos regalos a la niña por Navidad, hace muchísimo tiempo. Ahora Santa ha cambiado un poco de aspecto: es un poco más alto y delgado, tiene el pelo más corto y más oscuro, al igual que su barba. La barriga ha desaparecido, pero la alegría que trae sigue estando presente. Pero ahora la niña ya no es tan niña, la niña ha crecido, pero el nuevo Santa no se ha olvidado de ella; ha aparecido con un gran regalo para ella. Regalo que ella llevaba esperando muchísimo tiempo, con el que había soñado tantísimas veces. La niña no tan niña había llegado a pensar que nunca obtendría ese regalo, pero, en el fondo, siempre había seguido teniendo una pizquita de esperanza en su interior.
Este año el nuevo Santa se ha adelantado unos cuantos días, no se ha querido esperar al 25 de diciembre; Navidad ha llegado con antelación para la niña no tan niña. Santa aparece de improvisto y le hace entrega del regalo sin avisar, de golpe, totalmente por sorpresa. La niña no tan niña, cuando ve de lo que se trata, cuando ve que es esa cosa que lleva tantísimo tiempo esperando, se aferra al regalo y al nuevo Santa. Grita, llora, salta, sonríe. Está feliz. Está muy feliz.

Está disfrutando del regalo con todo su ser cuando, de repente, el nuevo Santa saca de su saco dos bolsas. La niña no tan niña, curiosa, le pregunta qué es eso que tiene, y el nuevo Santa, apenado, le obliga a soltar el maravilloso regalo para sujetar el contenido que tienen las dos bolsas: carbón, y no del dulce. El carbón tiñe las manos de la niña no tan niña de un negro intenso, horrible, escalofriante.
La sonrisa se ha disipado de su rostro, sus ojos ya no brillan tanto y sus lágrimas dejan de ser motivo de felicidad; la alegría se ha marchado de golpe.

Ahora el maravilloso regalo está en el suelo, apartado, en un rincón, mientras ella sostiene el carbón que se va deshaciendo y adentrando en sus manos. Ella lo quiere soltar y volver a coger el regalo del nuevo Santa, pero no puede, el carbón tiene una fuerza superior a ella, le está ganando la batalla.

El nuevo Santa se sienta al lado del maravilloso regalo y la niña no tan niña le mira con esperanza e ilusión en su mirada, si algo le ha enseñado el nuevo Santa es que la esperanza es fuerte, mucho más fuerte que el carbón. Tras mirar al nuevo Santa le lanza una mirada anhelante al maravilloso regalo que tanto desea coger y, finalmente, ve como sus manos están totalmente negras.

Uno.
Dos.
Tres.

No puede evitar reprimir las lágrimas.
Sigue creyendo en los deseos hechos realidad.
Corre hacia el baño e intenta hacer desaparecer el color negro que ha dejado el carbón en sus manos.

miércoles, 19 de abril de 2017

Ayuda

Estoy sentada en medio de mi cama
con el portátil encima de mis piernas,
con lágrimas en los ojos
y con el corazón roto.

Acabo de ver a una chica
sentada en su bañera,
vestida,
dejando el agua correr,
con las mangas de la camiseta subidas
y con una cuchilla en la mano.

Ficción y no ficción;
la chica se ha cortado las venas,
el agua ya no es transparente,
tiene lágrimas en los ojos
pero su corazón está más que roto.

Durante semanas
ha susurrado,
pedido,
gritado ayuda.
Pero todo el mundo tenía las orejas,
los ojos,
más que tapados.

Una chica se ha suicidado
por ser burlada,
acosada
y violada,
en una serie de ficción.

Me pregunto
cuantas chicas y chicos harán lo mismo
sin un guión de por medio.

Y me torturo pensando
en cuantas muertes harán falta
para evitar que suceda esto,
para concienciarnos,
para saber que tenemos que protegernos
los unos a los otros
y no ser una razón de su muerte.

Estoy sentada en medio de mi cama
con el portátil encima de mis piernas,
con lágrimas en los ojos,
con el corazón roto
al pensar que,
ahora,
alguien está susurrando,
pidiendo,
gritando ayuda
y yo sin podérsela dar.

inspiración: 13 reasons why

jueves, 19 de enero de 2017

Máscara feliz

Siempre creemos conocer la parte más sincera de una persona, hasta que esa persona nos demuestra todo lo contrario. Hasta que su máscara se rompe y queriendo o sin querer nos acaba mostrado su verdadera identidad.

Y aquí es cuando te preguntas: ¿Hasta qué punto llegamos a conocer a alguien? ¿Hasta qué punto podemos pensar que su apariencia es o no es su verdadero yo?

Y nos hacemos esas preguntas porque no sabemos qué hay detrás de una cara feliz o de un “estoy bien, yo siempre lo estoy”. Porque nos creemos simples palabras con un significado totalmente diferente. Porque detrás de ese estoy bien se esconde un necesito ayuda, pero no sé si debo pedirla.

Y ahí es cuando tu corazón se resquebraja.

Lo hace en el momento en que la máscara se cae y ves la verdadera cara de la persona que tienes delante. Y todo cambia. La persona que tú conocías desaparece para mostrarte una totalmente diferente, menos pura, más rota, menos feliz y más necesitada.

Y ahí es cuando entras en pánico.

Pánico de no saber qué decir o qué hacer. Pánico de querer ayudar pero sentir que tienes las muñecas atadas y la boca tapada con un trozo de cinta aislante. Pánico de ver que la persona que tú creías conocer, no lo haces realmente. Que hay muchas cosas que desconoces de ella. Pánico de que la situación, vaya a más y que, en vez de romperse la máscara, se rompa él en sí.


inspiración: él.

Retrato de tormenta

Una mesa solitaria, algunos platos por aquí y algunos cubiertos desperdigados por allá, dos personas con ganas de hablar y otra que se mue...